El Amor Persistente de Nuestro Padre
“… y ahora además, prisionero de Jesucristo;” Filemón 1:9
Mi nombre es Philip Reardon. Tengo sesenta y seis años. Fui sentenciado a servir treinta años de cárcel en la Prisión de Trenton, Nueva Jersey.
Nací en Pittsburg, Pennsylvania, donde me crié hasta mis doce años. Asistíamos a la iglesia Católica, aunque en realidad, mis padres no iban con nosotros, sólo nos llevaban a la iglesia y a la Escuela Dominical. Son pocos los recuerdos que tengo de ese tiempo, pero algo que sí recuerdo es el miedo que le tenía a la iglesia y a los sacerdotes. Recuerdo mucho de la ley de Dios, pero muy poco de Su gracia.
Tengo dos hermanas: una mayor que yo y la otra menor que yo. Mi padre trabajaba largas horas por lo cual casi no estaba en casa. A pesar de ello, yo sé que nos amaba, que era un buen proveedor y protector. No teníamos mucho dinero, pero vivíamos cómodamente. Mi madre era muy amorosa y estaba muy involucrada en nuestras vidas y en las actividades de la escuela.
A mis doce años nos mudamos a Nueva Jersey. Mi primer amigo, bueno, en realidad el primero que conocí, fumaba mariguana y tomaba alcohol. Yo quería ser aceptado y tener amigos, así que, empezé a tomar y consumir drogas con ellos mayormente durante los fines de semana, pero luego diariamente durante mis últimos años en la escuela. Comencé experimentando con las drogas, luego con alcohol. Tomábamos vodka y jugo de naranja en las mañanas antes de entrar a la escuela; fumábamos toneladas de mariguana o lo que tuviéramos a la mano. Hacíamos lo que fuera para estar drogados: L.S.D., cocaína, estimulantes, tranquilizantes, hongos… ¡Lo que fuera!
Ahora me doy cuenta de que las drogas y el alcohol eran mi refugio, mi lugar escondido, por así decirlo.
Cuando Adán y Eva estaban en el huerto de Edén pecaron contra Dios, y en su intento de cubrir su culpa, se cubrieron con hojas de higuera. No funcionó. Cuando Dios los llamó, ellos se escondieron de Su presencia, pues se sentían avergonzados y culpables. Las Escrituras dicen: “no mentirás, no hurtarás, no codiciarás”, etc (Exodo 20); y “por cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios.” (Romanos 3:23) y “ la paga del pecado es muerte, …”, (Rom.6:23). Veremos que al igual que Adán y Eva, nosotros hemos pecado y somos culpables delante de Dios. A diferencia de ellos, nuestras “hojas de higuera” pudieran ser otras cosas, tales como: las drogas, el alcohol, el dinero, los carros lujosos y a lo mejor el sexo. No importa cuál sea tu “hoja de higuera”, la estás usando para esconderte de Dios. No funciona. No removerán tu culpa. La justicia de Dios demanda nuestra muerte; el amor de Dios demanda nuestra vida. En Cristo ambas demandas han sido cumplidas. Dios dice:
” sino por Su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.”
– Hebreos 9:12b
y continúa diciendo: “sin derramamiento de sangre no se hace remisión.” (Hebreos 9:22b).
Cuando estaba en mi último año de escuela, en Nueva Jersey cambiaron la edad de comprar y consumir alcohol legalmente a los dieciocho años. Para mí esto fue un sueño hecho realidad. A la hora del almuerzo mis amigos y yo, acostumbrábamos ir al bar a tomar libre y legalmente. Podíamos ir a la licorería y en diez minutos todavía estar a tiempo para la próxima clase. Todos los días era un “desastre” a punto de desatarse. A menudo iba a la escuela bajo la influencia de drogas y/o alcohol. En una ocasión uno de mis maestros me preguntó qué era lo que me pasaba ya que ese día no me reconoció en mi estado de sobriedad.
No estoy nada orgulloso de esos días, pero ahora sé, que ya bien sea que lo entendamos o no, Dios en Su amor soberano, está en control total. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28). Para entonces yo no sabía que Dios me estaba llamando. Y Él, ¿te está llamando hoy a tí?
Finalmente me gradué de la escuela superior, (el último año escolar) e inmediatamente comencé a trabajar tiempo completo. Seguía usando drogas y alcohol todos los días, pero aún así era un trabajador funcional. Por favor, no pienses que, por el hecho de que el alcohol es legal está bien el consumirlo. Eso no es verdad. Por cierto es hasta más dañino, debido a lo accecible que es al estar legalizado. La Palabra de Dios dice: “¿Para quién sera el ay? Para los que se detienen mucho en el vino…, mas al fin como serpiente morderá y como áspid dará dolor.” (Proverbios 23:29-32). Estoy aquí para decirles que la Palabra de Dios es la VERDAD.
Me fue tan bien en mi trabajo que terminé comprando el negocio de mi jefe. En ese tiempo me comprometí para casarme. Ya para entonces tenía veinticuatro años. Continuaba usando drogas diariamente, y como dije anteriormente, me iba muy bien en mi negocio y funcionaba normalmente. Al dar una mirada retrospectiva de la manera en que estaba viviendo, me doy cuenta de que estaba cayendo más y más profundamente en las garras de Satanás; iba camino a la destrucción. ¿No crees que Satanás es real? Entonces Dios debe ser un mentiroso, porque la Palabra de Dios dice, “El [Satanás] ladrón no vino sino para hurtar, matar y destruir….” (Juan 10:10) ¿Qué hurta un ladrón? Sólo objetos de valor. Y un ladrón astuto roba lo más valioso. Así que, Satanás, el “ladrón” viene a robar la Palabra de Dios, destruir tu vida y matarte cuando estás separado de Jesús. “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:12). La Biblia muestra el plan de Dios para tu vida; es el Manual de Instrucción del cristiano. Para que tu carro corra más efectivamente necesita mantenimiento, tienes que ir al Manual del Operador y seguir las instrucciones. De la misma manera nosotros debemos ir al Manual de Dios, Su Palabra, para vivir una vida de acuerdo a Sus
instrucciones. Dios dice,” Lámpara es a mis pies Tu Palabra y lumbrera a mi camino.” (Sal.119:105). ¿Haz manejado alguna vez tu carro de noche sin luces? Si lo haces terminarás en un cuneta o enredado en un árbol. ¿Haz estado por los caminos de esta vida sin la luz de Su Palabra? ¿Te ves desviándote hacia una cuneta o enredado en los asuntos de este mundo? Bueno, quiero que sepas que hay Buenas Noticias para ti. En la segunda parte del versículo de Juan 10:10, cuando habla sobre el ladrón, dice:
“ Yo [Jesús] he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Amen. (Juan 10:10b)
A pesar de todo, estaba bien económicamente, estaba comprometido para casarme y quería comprarme una casa. Sin embargo, sentía un vacío muy grande y horrible en mi vida, pero aún así persistía cubriéndome con mis “hojas de higuera”: las drogas y el alcohol. Leí un anuncio de una casa que parecía perfecta para nosotros. Llamé a la dueña de la casa y fuimos a verla. Hablamos como una hora, negociamos el precio e hicimos el trato. ¡La casa era nuestra! Celebramos… con drogas. Más tarde, un Agente de Bienes Raíces, nos llamó y dijo que otra persona había hecho una nueva oferta de $20.000 más sobre el precio original de la casa. Nos preguntó si podíamos igualar o superar la oferta, de lo contrario, nos sugirió, que nos olvidáramos de la casa. No pudimos comprar la casa; eso nos deprimió y nos sentíamos devastados. Pero entonces, la Sra. Jane Frank y su esposo Bobby, dueños de la casa, con los cuales habíamos hecho el trato original, nos llamaron y dijeron: “Hemos estado orando acerca del trato de la casa y el Señor nos dijo que les vendiera la casa a ustedes.”
A todo esto, quiero que tengan en cuenta que yo no sabía nada acerca de los cristianos. Pensé que esta señora estaba “loca”, pero decidí comprar la casa. Yo pensé que tenía “suerte”. Por supuesto, ahora sé que no existe tal cosa como la “suerte”. Fue entonces cuando Dios comenzó a mostrar Su mano poderosa sobre mi vida. Él me llamó cuando todo en mi vida parecía estar bien. La familia de Jane era cristiana y vivían en la casa al lado de la que compramos. Ellos comenzaron a compartir la Palabra de Dios conmigo, pero yo no quería oír nada. Yo no entendía que Dios los estaba usando para atraerme hacia Él. Todo esto pasó en el año 1983. Mientras yo rechazaba el llamado de Dios, Él metódicamente fue quitando de mi vida todo lo que era más importante que Él. Yo no sabía ni entendía que yo no tenía nada que no hubiera recibido de Él. “¿O qué tienes que no hayas recibido?” (l Corintios.4:7); “Porque de Él, y por Él, y para Él, son todas las cosas. A Él, sea la gloria por los siglos. Amén.” (Romanos 11:36) De Él provienen todas las bendiciones. En otras palabras, todo lo que soy y todo lo que tengo, Dios lo ha provisto y lo ha permitido. Así que, como ves, yo quería las bendiciones, pero no quería saber nada del “Dios Bendito”. Mira si Dios nos ama que dice:
” Mas Dios muestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”
– Romanos 5:8
Continué todos los días bajo la influencia de cocaína utilizando cientos de dólares de mi negocio en ello. Ingresé a un centro de rehabilitación de adicción porque todo el mundo quería que yo fuera, pero no porque yo creía que lo necesitaba. En treinta días salí y ese mismo día usé drogas. Mi esposa me amenazaba con dejarme y me dijo: “O soy yo o son las drogas”, y yo le dije sin más ni más: “Pues entonces nos vemos luego, querida.” Ella me dejó. Pasó un año y al próximo perdí mi negocio. Quiero que sepas que durante todo este tiempo yo estaba oyendo la Palabra de Dios y Él me decía, “Venid a Mi todos los que estáis trabajados y cargados y, Yo os haré descansar.” (Mateo 11:28). Algunas veces asistía a la iglesia, pero no quería saber nada de Dios. En el proceso, mi salud se estaba afectando; sangraba internamente y mi higado estaba deteriorándose. Necesitaba casi medio galón de vodka diariamente, según yo, para poder funcionar. Estuve internado en cinco o seis centros de rehabilitación y por todas partes, allí estaban los cristianos. No podía librarme de ellos: estaban en los centros de rehabilitación, se sentaban a mi lado en los transportes públicos, salía del centro, y alli los encontraba otra vez; me decián: “Dios me dice que ore por tí”. Mientras tanto en mi vida todo iba cuesta abajo. Perdí mi casa, mi esposa y llegué a vivir en la calle, iba de centro de rehabilitación a centro de rehabilitación. Los doctores me dijeron que sólo tenía seis meses de vida si no dejaba de tomar, pero aun así seguía tomando. No tenía esperanza, pero Dios seguía llamándome y yo seguía rechazándolo. La gente que me conocía me llamaba y yo no contestaba el teléfono. “Yo puedo salir de esto por mí mismo, me decía, yo lo puedo hacer… y … ¡No, no lo puedo hacer!!! y no lo pude hacer … por mí mismo.”
Estuve seis meses en otro centro de rehabilitación; aún allí seguía usando drogas. Salí y dos semanas más tarde terminé en un programa de desintoxicación. Los doctores decían que debería estar muerto, pues mi nivel de alcohol en la sangre era de 4.7%; sin embargo, el expediente decía: “Él no parece estar en estado de embriaguez.” Apenas salí a los cinco días y allí estaban otra vez… esos cristianos “persistentes” que me seguían a todas partes. No me podía escapar de ellos. ¿Qué es lo que quieren de mí? Terminé en la calle, no tenía donde ir, donde vivir. Robé un cuarto de vodka, me lo tomé todo, y en medio de la borrachera; “Oh no… ¡Alguien está muerto! Perdóname Dios. . . ¿Fui yo? ¿Cómo puede ser? Yo nunca había lastimado a nadie”. Fui arrestado y llevado al “hueco”, (confinamiento solitario) a la cárcel. Allí me golpearon para quitarme unos cigarrillos. La cárcel no es nada atractiva.
Ahora era un hombre quebrantado. “¿Qué más me podía pasar? ¿Era toda mi culpa? Me quiero morir. Por favor, Dios, si estás ahí déjame morir”. La temperatura en la cárcel estaba a cien grados. No habían ventanas. Quería ahorcarme. Creí en la mentira de Satanás de que hay libertad después de la muerte. Todavía no entendía que Satanás me tenía exactamente donde él quería. ¿Recuerdas a Satanás?… “ladrón, destructor y asesino,”. . . él me robó la Palabra de Dios… destruyó mi vida y ahora me quería matar a través del suicidio. ¿Ya ves? El verdadero plan de Satanás es tenerte por la eternidad. Si no estás “en Cristo”, Satanás ya tiene tu vida física. ¿Dejarás que posea también tu vida espiritual? La Palabra de Dios dice: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” (Juan 3:17)
Estaba en mi litera de la cárcel llorando y tratando de orar y a punto de ahorcarme, cuando de repente escuché el ruido de la puerta que se abría al costado de la mía, y me dije, otro más en el “hueco”. Trajeron a un hombre; colocó sus pertenencias en la cama, se inclinó para hablarme a través de una abertura que había en el piso y me dijo: “Oye, tú que estás ahí, sí, tú, ¿conoces a Jesucristo?” ¡Bendito sea Dios por siempre! Era otro cristiano más. ¡Gracias, Padre! ¡Así es! El amor de Dios es tan asombroso que me siguió hasta el hueco de la cárcel y se hizo presente en la persona de Tony Hardin quien me dirigió a Cristo.
Tony me habló de una vida nueva en Cristo; de esperanza y perdón de pecados. “Mi corazón estaba arrodillado” por primera vez, con mis oídos pegados al hueco en el piso de esa pared, escuchando atentamente lo que decía la Palabra de Dios. Me arrepentí, Dios abrió mis ojos, me dio un nuevo corazón y puso Su Espíritu Santo en mi. (Ezequiel 36:25-27). Inmediatamente experimenté perdón y paz; el peso del pecado y la culpa se fueron. No tengo más necesidad de usar “hojas de higuera”. ¡La sangre de Cristo lo hizo todo!
Una hora después me sacaron del calabozo. Dios produjo en mí un deseo ferviente de leer la Biblia. Busqué a Tony y me informó que había sido un error el que lo llevaran a ese calabozo. Él batalló todo lo que pudo para que no lo pusieran allí, pero Dios estaba en control. Dios sabía que Su hijo Philip iba a morir si Él no llevaba a Tony rápido al calabozo. Dios sabía que yo estaba finalmente quebrantado. Y tú, ¿aún no estás quebrantado? ¿Qué más tiene que pasar en tu vida para que te humilles delante del Señor? Dios simplemente quiere que veas que sin Él no hay esperanza. He sido cristiano desde aquel bendito día que Dios me rescató y me libertó estando en la “prisión del Estado de NJ”, pero también me libertó de “la prisión de mi pecado”.
Dios me libró de dos sentencias de muerte:
una del juicio del pecado y del castigo eterno sin Jesús, y la otra en las cortes. Serví treinta años mandatorios. Ahora soy libre y sirvo al Señor compartiendo Su Palabra, usándome para hablar a los hombres acerca del amor de Jesús. También soy parte del Ministerio de las Prisiones. Yo iré a dondequiera que Él me mande. Por la gracia de Dios, toda mi familia vino a conocer al Señor. Dios restauró mi salud física y sanó mi mente, lo cual los doctores no creían que pudiera ser posible.
Dios me ha permitido ser fructífero. Tengo la paz y el gozo que nunca pensé que fuera posible. “Venid luego y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho. (Isaias 1:18-20) ¿Vendrías a Él hoy? “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.” (2 Corintios 6:2b) Quítate las l “hojas de higuera” y lávate en la sangre de Jesús y únete a mí en el gozo de la vida eterna.
Si has leído acerca de la obra maravillosa del amor de Dios, y aún ahora sientes la presencia de Dios en tu vida y quisieras que Jesús perdonara tus pecados y que sea tu Señor y Salvador … arrepiéntete de tu vieja manera de vivir y de tu estilo de vida de pecado. Confía que Dios hizo que “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Corintios 5:21) Él fue tu sustituto en esa cruz, Él sufrió, sangró y murió, fue sepultado y fue levantado otra vez al tercer día por ti. La Palabra de Dios dice:
“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”
– Juan 3:36
Y además dice: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. (Romanos 10:9) “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” (Romanos 10:13)
En conclusión, tres meses después de haber sido salvo fui a un estudio bíblico en la cárcel. El pastor me pidió que compartiera mi testimonio. Comparti lo que ya ustedes han leído acerca de que quise quitrame la vida en el “hueco”. Mientras compartía acerca del incidente del “hueco”, un hombre llamado Tony Hardin, sentado en la parte de atrás del estudio bíblico, se puso de pie y dijo, “ese fui yo, ese fui yo”. Yo le dije, “Tony, ¿que tú hacías por media hora en el “hueco”? … nadie va al “hueco” ¡por media hora! “Así es” -dijo Tony,- “pero resulta que erróneamente fui diagnosticado con una condicion contagiosa y tuve que guardar cuarentena. Batallé todo lo que pude para que no me pusieran alli, pero ahora sé que Dios estaba en control. Fui llevado al “hueco” y el Señor me guió para que compartiera el evangelio contigo a través de una abertura que había en el piso. Tan pronto lo hice, vinieron por mi y me sacaron de alli.” Dios había completado Su obra. Amado, si no puedes ver la mano de Dios en esto, ora que Él abra tu ojos espirituales. Quiero que sepas que el mismo Dios que envió a Tony a ese “hueco” es el mismo Dios que ha puesto este testimonio en tus manos.
Así como Pilato le preguntó a otros: “¿Que, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo”? (Mateo 27:22), así hoy yo te hago la misma pregunta: ¿Que harás con Jesús?
Empieza a leer la Biblia. Es tu comida, tu Manual de Instrucciones. Lee los versículos arriba mencionados y los siguientes, y asegúrate de tu nueva salvación: I Juan 5:11-13, Romanos 10:8-10. La verdadera fe es creer, confiar y obedecer Su Palabra.
¡Que Dios te bendiga!
Philip Reardon, Jr.
Por favor escríbeme a …
Philip Reardon
c/o Our Father’s Persistent Love Ministries, Inc.
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