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JESUCRISTO, MI UNICA ESPERANZA


Mi nombre es Carlos Turis. Vengo de una familia pequeña de tres personas: mi papá, mi mamá, y mi hermana. Yo soy de El Salvador, y estoy cumpliendo una sentencia de 25 ha 50 años (con 25 años mandatorios) en una prisión estatal en Nueva Jersey. Caí preso a la edad de 16 años, y déjame decirte que estar preso no es nada bonito.

Mi oración es que cuando termines de leer mi testimonio, el Dios que creó los cielos, la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay; el Dios de Abraham, Issac, y Jacob, toque tu corazón para que creas en Cristo, nuestra única esperanza. Escrito está, "Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os hare descansar. Llevad Mi yugo sobre vosotros y aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuentras almas, porque Mi yugo es fácil y ligera Mi carga" (Mateo 11:28-30).

Yo vine a este país (Estados Unidos) a la edad de 10 años, y al primer estado que llegué fue a Tejas. Por fin iba a conocer a mi mamá, la mujer que me anduvo por 9 meses en su precioso vientre --- ¡ gracias por eso mamá! Me recuerdo que yo estaba muy nervioso y el corazón me palpitaba muy rápido. Cuando mi madre me vió, me abrazó fuertemente y se hecho a llorar. Yo estaba confundido, pues no sabía que la mujer que me estaba abrazando era mi madre --- era como si una extraña me estuviera abrazando.

Los besos tiernos de una madre, sus caricias, sus buenos consejos, y su amor; esas palabras dulces que un hijo necesita escuchar de la boca de su madre, "Hijo, te quiero." "Hijo, ¿cómo te fue hoy en el colegio?" "Hijo, ¿cóme te encuentras hoy de salud?" Todas estas y muchas otras palabras yo nunca las escuche de la boca de mi madre. Por esta razon, mi madre era como una extraña para mí cuando me estaba abrazando y llorando sobre mis hombros.

Estuve viviendo en el estado de Tejas por dos años, los cuales fueron un infierno para mí, pues la relación entre mi madre y yo no iba marchando muy bien. Mi papá venia a visitarnos solamente en Navidad. Él se quedabá con nosotros solamente dos semanas y después se regresaba para Nueva Jersey, donde él viviá.

Mientras que el tiempo continuaba, la relación entre mi mamá y yo se iba complicando. No pudiendo vivir más en esas circunstancias, una Navidad en que mi padre vino a visitarnos, yo le conté todas las cosas que estabán sucediendo durante su ausencia. Inmediatamente, sin pensarlo dos veces, decidió traerme con él al estado de Nueva Jersey, pero mi hermana decidió quedarse con mi madre.

Comenzé una nueva vida en el estado de Nueva Jersey, pero no era todo color de rosas, pues no me llevaba bien con mi madrastra. Nunca podiamos pasar dos semanas en paz, porque yo buscaba la manera de hacerle la vida imposible. Si yo no estaba felíz, tampoco ella lo iba ha estar con mi padre. Lo único que teniamos en comun era que nos gustaba pelear como perros y gatos.

A la única persona que yo respetaba era a mi papá. La mayor parte, obedecía todo lo que él decía. Que yo recuerde, mientras viví bajo su techo, él solamente uso la correa sobre mí tres veces --- ojalá la ubiera usado frecuentemente. Escrito está, "La necedad está ligado en el corazón del muchacho; mas la vara de la corrección la alejará de él" (Proverbios 22:15).

Mi vida comenzó a deteriorarse más cuando comenzé mi séptimo grado en la escuela. Comenzé ha asociarme con amigos a quienes les gustaba la parranda, fumar, tomar, y usar drogas. La Biblia dice, "No erréis, las malas compañias corrompen las buenas costumbres" (1 Corintios 15:33). Esto es verdad, porque es ahora que yo me doy cuenta la influencia y el progreso hácia la maldad que mis compañeros tenían sobre mí: de cigarillos ha mariguana, de cerveza ha licor fuerte, y de amistades ha ser miembro de una ganga.

Santanás había comenzado su trabajo, ¿y sabes tú cúal es su trabajo? La Biblia dice, "Él Ladrón [Santanás] no viene sino para hurtar, matar, y destruir…" (Juan 10:10). Él estaba trabajando duro en mi vida, y él sabía que a la larga mi último paso iba a ser la muerte.

¿A robado Satanás algo en tu vida, tu libertad? ¿Ha matado Santanás algo muy dentro de ti, la esperanza que algún día seas libre? ¿Ha destruido Santanás algo muy querido en tu vida, la relación entre tu familia y amigos?

Mi vida era un desastre. Creía que yo estaba en control de todo, no dandome cuenta que Santanás sostenía las riendas. Continué viviendo de una manera caótica, llegando hasta el punto más bajo de mi vida, cuando de repente me convertí en un asesino, quitándole la vida a otro ser humano. Lo único que me esperaba en el futuro era la prisión.

Debido a que solamente tenía 16 años de edad, me pusieron en una correccional de menores. La primera noche no pude pegar los ojos para nada pues estaba muy atemorizado. Cada movimiento que mis compañeros de celda hacían, mis ojos estabán sobre ellos. Si ibán a hacer algo, quería estar preparado. Yo estaba listo, después de todo, quitarle la vida a otra persona no me importaba en ese tiempo.

Los meses pasaron pero yo continuaba en mis caminos viejos. Por fin, creo yo, Dios dijo, "Basta, el tiempo a llegado para llamar a Carlos a Mi reino." Honestamente, yo creo que cuando Dios llama a una persona, nadie puede impedir Su voluntad. Cuando Jehová envía Su palabra, élla cumple Su propósito, pues escrito está, "Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra y pan al que come, así será Mi palabra que sale de Mi boca; no volverá a Mí vacía, sino que hará lo que Yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié" (Isaías 55:10-11).

Me recuerdo de un predicador quien tenía 61 años de edad. Cada dos semanas, él venía a predicar la palabra de Dios en la correccional de menores que yo estaba. No importaba si estaba lloviendo o nevando, él estaba siempre allí. Para ese entonces, yo no estaba contento con este acto pues, debido a las reglas de la institución, todos estabamos obligados a escuchar el sermón. Creeme, yo no ponía atención ha lo que el predicador decía, al contrario, durante su mensaje mis amigos y yo nos poniamos a hablar. Así que, el sermón del predicador me dentraba por un oido y me salía por el otro.

Después de estar preso por 10 meses, Dios comenzó a trabajar en mi vida. El predicador continuaba dando sus sermones, siempre preguntando al final de su predicación si alguno tenía alguna pregunta acerca de la Biblia. Debido a que teniamos solamente una hora de recreación, nunca le preguntábamos nada. Después que nadie le preguntaba algo, el predicador se iba a un cuarto, esperando compartir la palabra de Dios con alguna alma perdida.

Un día, mientras que el predicador se encontraba solito en el cuarto, el civil que estaba a cargo de todos los juegos, se sintió muy mal al ver que al pobre anciano nadie le iba a hablar. Así que me pidió a mí que fuera a platicar con el predicador, pero le contesté con un gran y resonante ¡NO! Si no busqué de Dios mientras estaba en la calle, ¿por qué buscarlo ahora? Este era mi pensar. El civil sabía que no me iba a convencer, sin embargo, él y yo hicimos un trato y me fui a hablar con el predicador.

Mientras le decía al predicador mi nombre y mi edad, fuímos interrumpidos por un grupo de jóvenes quienes estabán interesados en hablar acerca de la Biblia. Esto me hizo sentir aliviado pues todo la atención fue quitada de mí. Ellos comenzaron a hablar acerca del libro de Revelación, pero yo no entendí ni una palabra de lo que estaban hablando.

Por fin, el tiempo llegó para regresar a nuestras celdas, este era el momento que yo estabá esperando. Cuando ya estabá a punto de irme, el predicador me dijo, "Antes de que te vayas, te quiero dar esto." Era un folleto que contenía el Evangelio de Juan. Verdaderamente yo no se lo quería agarrar, pero por respeto termine aceptándolo.

Ese mismo día, me encontraba en mi celda sin nada que hacer. Me recuerdo haber leeído de forma muy reacia el panfleto. Para mi sorpresa, me encontré con estas palabras: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (Juan 1:1). Cúando terminé de leer este versículo, fue como si una luz hubiera entrado en mi mente. Yo quería saber más acerca de este Verbo, así que continué leyendo. Ese día yo leeí tres capítulos y tres más al siguiente día. Cuando me vine a dar cuenta, estába leyendo tres capítulos al día.

Cuando llegue al capítulo 17, algo extraño sucedió. Yo dudé acerca de lo que estabá leyendo. Era como si no fuera cierto lo que estabá leyendo, así que, agarré el folleto y lo tiré al piso, al lado del inodoro.

Mi corazón estaba endurecido, pero de repente, todas las palabras que Jesucristo había ablado se me vinierón a la mente. Especialmente el capítulo 11, cuando le habla a Lázaro: "!Lázaro, ven fuera!" (v. 43). Esas palabras estaban resonando en mis oídos. Era como si el mismo Jesús me hubiera dicho, "Carlos, te ordeno que salgas del mundo y vengas a Mi reino."

La convicción y la culpa me estaban matando, pues yo sabía que le había quitado la vida a otro ser humano. Aunque, al mismo tiempo, yo sabía que mi única esperanza estaba en Cristo. Yo estabá percatado que Jesús habiá sido crucificado para pagar por los pecados que yo no podía pagar. Comprendí que era yo el que tenía que estar colgando de esa cruz.

Traté por siete días, para ver si podía por mí mismo no pecar. Me quería limpiar antes de venir a Jesucristo, no reconociendo que Dios quería que viniera a Él tal como yo era, un pecador. Al séptimo día, a medianoche, recuerdo que me levante de la cama y me fui hacia el baño, y ahí me arrodillé y le oré a Dios. Mis palabras fueron simples: "Dios, vengo a Ti reconociendo que soy un pecador. También reconosco que le he quitado la vida a otro ser humano, pero, en mi corazón, yo creo que Jesús es Tu Hijo y que Él murió por mis pecados. Yo creo que al tercer día Él resucito de entre los muertos. Así que te pido que tomes control de mi vida y cambies mi manera de vivir. Yo sé que por mi propia cuenta no puedo hacer nada. Porfavor Dios, si caígo en pecado perdóname y dame la fortaleza para levantarme y así continuar sirviendote con todo mi corazón y con todas mis fuerzas. Todo esto te lo pido en el nombre de mi Señor y Salvador, Jesucristo."

Cuando terminé de orar, sentí como si algo pesado hubiera sido quitado de encima de mí. Por primera vez en mi vida, sentí paz en mi corazón y sin ninguna preocupación acerca del mundo. Dentro de mí, comenzé ha adorar a Dios por haberme dado la fé para venir a Jesucristo. Tengo que admitirlo, esa noche lloré como un niño. Estaba tan emocionado que quería despertar a mis compañeros de cuarto y decirles, "Miren, por fin lo hice, acepté a Jesús en mi vida." Fue muy difícil pero me forcé a no hacerlo. Esa noche, yo dormí como nunca había dormido, con mucha paz en mi corazón.

Por la voluntad de Dios, han pasado algunos cuantos años desde que acepté Jesús en mi vida. Te estaría mintiendo si te dijera que estos años han sido muy fáciles. Jesús está cambiando mi vida poco a poco, día a día. Todavía tengo mucho por delante, pero alabado sea Dios que no soy el mismo que era antes. Satanás todavía continua tratando cualquier cosa que esté a su alcanze para convencerme de otro modo, pero yo sé que mi REDENTOR vive, y que los triunfos grandes son realizados atravez de mucho sufrimiento.

Jesús dijo, "Ninguno puede venir a Mí, sí el Padre que me envió no le trajere…" (Juan 6:44). Yo no puedo forzarte a ti para que vengas a Cristo Jesús. Mí única obligación es plantar la semilla de las "Buenas Nuevas" en tu corazón, el crecimiento se lo dejo a Dios. En tus propias palabras orale a Dios y humillate delante de Él, confesando que tú eres un pecador, y que sin Jesucristo lo único que te mereces es el infierno, así como yo me lo merecía. Lee la Biblia todos los días y permite que la "Palabra" llene tu mente, gobierne to corazón, y guíe tu vida.

Hay muchos libros que pueden influenciar tu vida, pero solo Jesucristo puede cambiarla radicalmente. Podras ver la palabra de Dios más claramente cuando te concentres más en ella. No dejes que Santanás te mienta y que te diga que ya es demasiado tarde para encontrar a Dios. Jesús ha resucitado de entre los muertos para resucitarte a ti de tus pecados. El sacrificio de Cristo era lo que Dios quería y lo que nuestros pecados demandaban. Un pecador siempre es bienvenido a la familia de Dios.

Si tú has respondido al llamado de Dios, lo único que te puedo decir es, "Bienvenido a la familia." Recuerda, amar a Dios es obedecerle y servirle a Él solamente. No te preocupes por las críticas que otras personas harán de ti, ellas no murieron en la cruz por ti.

Recuerda, mi Señor y Salvador dijo, "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en Mí. En la casa de Mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, Yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros" (Juan 14:1-2). Vivir para Cristo hace que la vida valga la pena vivirla.